Podríamos definir el Talento, como el conjunto de conocimientos, experiencias, capacidades y red de contactos, que se han ido adquiriendo.
En el momento de la jubilación, este talento, fundamentalmente desarrollado por motivos y objetivos profesionales, parece que deja en cierta forma de tener utilidad, y se aparca, o se deja de alimentar.
Otro planteamiento, es seguir alimentando ese talento, ahora con un componente y objetivo personal, con conocimientos y experiencias, que uno podría considerar sin utilidad práctica, y con relaciones con las que compartir y aprender. Por el mero interés de aumentarlo, de ser una persona más completa, sabia o capaz. Sin que ese talento se pueda necesariamente monetizar. Simplemente por satisfacción personal … pero en la seguridad de que, llegado el caso, nos hará más competentes a la hora de colaborar de la forma que sea.
Personalmente, intento potenciar mi talento a base de aprender (leer, ver, escuchar y reflexionar y conversar) y compartir (escribir, contar y conversar), interactuando con personas interesantes, en muchos casos desconocidas, que son las que más novedades pueden aportar. Sobre aspectos contemplados y ordenados según el modelo Agenda 100, e intentando pasar más tiempo escuchando que hablando.

