“¡En qué estaría yo pensando!”
Es generalmente aceptada la teoría que considera buenos a los pensamientos enfocados y centrados en el presente, y negativos a los demás. Los pensamientos obsesivos que insisten en dar vueltas a sucesos del pasado, sobre los que no se puede hacer nada, o temores del futuro, que generalmente no se cumplen, se consideran la base fundamental del estrés.
Matt Killingsworth, realizó un estudio con más de 15.000 personas a las que se les consultaba, en hasta 650.000 ocasiones, en qué estaban pensando y cómo se encontraban en ese momento. Los datos parecen indicar que estaban en un estado más satisfactorio, los que en ese momento reportaban estar enfocados en algo. A la vista de esto, el autor concluye que la divagación puede ser negativa, y conducir a la infelicidad.
Hay que tener en cuenta, no obstante, que hay ocasiones, en que una forma de divagar como el “dejar volar la imaginación”, puede dar lugar a pensamientos enriquecedores y creativos. Todos hemos tenido la experiencia de ideas interesantes, en ese período de consciencia gradual, que se da cuando vamos poco a poco despertando. O en momentos de contemplación placentera. Y si, como frecuentemente en mi caso, damos demasiadas vueltas a esos pensamientos creativos, la solución que he encontrado es ponerme a escribir.
En conclusión, el cese de la actividad laboral que se da en la jubilación, libera cantidad de tiempo, hasta entonces dedicado a resolver de forma enfocada los problemas derivados del trabajo. El reto está en ocupar este nuevo tiempo disponible, de forma interesante, bien como fruto de una actividad enfocada y presente o, como desenfocada y creativa.
Como siempre, este post busca compartir opiniones sobre el tema. Me encantará recibir tus comentarios.

